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Hola, mi nombre es Renato Odar. Desde hace 3 años, en este blog trato de compartir algo de mi experiencia como ingeniero de industria alimentaria.

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lunes, 30 de noviembre de 2009

La carne y el calentamiento global - Parte II

O al menos eso parece. Bueno, hace ya un tiempo comentamos la noticia sobre la reducción del consumo de carne puede ayudar a reducir el calentamiento global. La idea era que con la reducción del consumo de carne se reduciría a su vez las emisiones de gases de efecto invernadero y problemas ambientales como la destrucción de hábitats naturales por la cría de ganado.

Sin embargo, esa información puede que no sea correcta según lo que informa el día de hoy BBC Mundo.

Gran parte de los consejos que circulan por ahí no sólo no sirven para reducir nuestra contribución al calentamiento global sino que además, si uno los sigue al pie de la letra, resultan más nocivos que si nos comportásemos como lo haríamos habitualmente.
Ésta es la conclusión de la "Guía para una vida más verde" (The Rough Guide to Green Living, imagen tomada de Amazon) publicada este mes en el Reino Unido.
El libro cuestiona, entre otras cosas, la idea de que reemplazar nuestro auto más eficiente, lavar los pañales a mano en vez de usar desechables o consumir menos carne permite reducir nuestras emisiones de CO2.

Sobre la carne, en la pagina del diario The Guardian mencionan que si bien es verdad que los productos derivados de animales tienen una huella de carbono más elevada que la de un producto de origen vegetal, y de allí se desprende que el vegetarianismo es una opción más amigable para el planeta, nunca nadie menciona que por ejemplo, algunos productos lácteos son, desde el punto de vista del cambio climático, más nocivos que ciertas carnes.
Por esta razón, dice Duncan Clark, autor de la guía, los quesos duros -para los cuales se utiliza gran cantidad de leche- producen más calentamiento global por kilo que la carne de pollo. Por eso da como opción que las personas se conviertan en veganos.

¿Veganos? Gracias a la Wikipedia encontré que el veganismo es una filosofía y un estilo de vida basado en el respeto hacia los animales.

¿Mi opinión? Pues no me gustaría ser vegano para nada, respeto a quienes tienen esa fuerza de voluntad pero a mí no me consideren.

Más consejos de Duncan Clark aquí (en inglés)

viernes, 24 de julio de 2009

Calentamiento global y alimentos: efecto en el trigo y el maiz

El calentamiento global pone en riesgo la seguridad alimentaria de millones de personas. Algunos de los efectos más temidos son los que incidirán en la producción de trigo y maíz, cultivos esenciales para gran parte de la población mundial. Información tomada principalmente de BBC Mundo.

LA IMPORTANCIA DEL MAIZ Y EL TRIGO

El maíz es el cereal más importante que se cultiva en el África subsahariana y Latinoamérica y el principal cultivo para alimentar a los animales en Asia, según el Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y Trigo (CIMMYT).
El trigo, por su parte, es el cereal más cultivado del mundo y ocupa el segundo lugar entre los principales cultivos en los países en desarrollo.

Su distribución geográfica mundial es muy amplia. Desde las húmedas tierras bajas del norte de México hasta las áridas planicies de Kazajistán, el trigo se siembra en más de 200 millones de hectáreas del mundo en desarrollo.

Sin embargo, más de nueve millones de hectáreas cultivadas de trigo ya sufren pérdidas por el calentamiento global y la cifra tiende a aumentar a medida que el calor supera los umbrales que las regiones tropicales y subtropicales pueden soportar.

El cambio climático sube la temperatura planetaria y altera las condiciones meteorológicas de manera tal que se intensifican situaciones extremas como las inundaciones y las sequías y aumenta la escasez de agua para la agricultura de riego.


Cultivos en peligro
Rodomiro Ortiz, experto en cambio climático del Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y Trigo (CIMMYT), explicó a BBC Mundo que los principales problemas que enfrentan los pequeños agricultores son el aumento de las temperaturas, las sequías y las inundaciones.

Estos tres elementos constituyen una peligrosa combinación para la agricultura y afectan no sólo los rendimientos sino también la calidad de los cultivos. Los más afectados son los millones de pequeños agricultores que no cuentan con la tecnología ni los recursos para hacer frente al cambio climático.

Además, al incrementarse la temperatura no sólo bajan los rendimientos sino que hay plagas y enfermedades que afectan los cultivos y se transforman en un gran peligro si no se controlan a tiempo.

A esto se le suman la falta de acceso a semillas y otros insumos, los mercados subdesarrollados y la baja inversión de los gobiernos, según Ortiz.

Los expertos vaticinan que el termostato mundial subirá hacia finales de este siglo entre 1.8°C y 4°C. La mayoría de los países con latitudes tropicales verán afectados los rendimientos de sus cultivos, pues cada cultivo tiene una temperatura óptima.

Esto, según Ortiz, significaría pérdidas del 10% en los rendimientos de maíz y trigo en casi todos los países de América Latina. Vale destacar que el trigo es muy sensible a las altas temperaturas, que impiden la formación del grano.

La solución: agricultura de conservación
La buena noticia es que se puede aumentar significativamente la productividad mediante la aplicación de prácticas agronómicas mejoradas en los sistemas de producción agrícola.
Rodomiro Ortiz destaca que “hay que popularizar más la agricultura de conservación para que los pequeños agricultores puedan adaptarse al cambio climático”.

Este tipo de agricultura usa tácticas como la labranza reducida o cero labranza -que reduce el uso de maquinaria agrícola, la erosión del suelo y el uso de combustibles- la rotación de cultivos y el manejo de los residuos que resultan de la cosecha, reincorporándolos al terreno. Esto también tiende a reducir el uso del agua y recursos.

"Esto es muy popular en el Cono Sur. Brasil y Argentina tienen la mayor extensión de hectáreas de agricultura de conservación. En otras zonas del continente, como Centroamérica y la zona andina, esto tiene que intensificarse, especialmente para el cultivo de maíz".

El experto destacó también que los gobiernos deben aplicar, cuanto antes, políticas para amortiguar el impacto negativo en los agricultores. Esto se lograría, por ejemplo, "realizando investigaciones en áreas marginales para ver qué estímulos necesitan los agricultores para mejorar la producción".

La importancia de la genética
A medida que el planeta se calienta, los científicos intentan encontrar la fórmula para desarrollar cultivos que resistan altas temperaturas.
El experto del CIMMYT menciona como otra importante salida el desarrollo de nuevos cultivares (variedades de cultivo) que resistan el cambio climático y puedan dar buenos rendimientos utilizando menos recursos, como agua y fertilizantes.

Estos cultivares se desarrollan con mejoramiento genético -convencional o transgénico- para que toleren el calor, “ya que las temperaturas seguirán subiendo. Se siembran muchos materiales en distintas zonas para ver cuáles resisten mejor”.

Las manipulaciones genéticas incluyen el desarrollo de semillas transgénicas. Muchos alertan de que éstas generan dependencia de los agricultores hacia las grandes compañías que las fabrican.

Sin embargo, Rodomiro Ortiz dijo a BBC Mundo que aunque los cultivos transgénicos han estado hasta ahora en manos del sector privado el sector público podría desarrollarlos también y permitir que permanezcan en un sistema de bienes públicos. “Eso se puede lograr a través de la legislación, con políticas de bioseguridad y propiedad intelectual de esas semillas”.

“Al fin y al cabo, son los agricultores los que deciden qué semillas usar. Las semillas transgénicas las puede producir cualquiera que sepa realizar el trabajo, no sólo las compañías transnacionales”.
Pero OJO, que no solo producción sino también manipulación, cuidado y manejo. Aquí un ejemplo.

martes, 13 de mayo de 2008

Las 'sorpresas' de los alimentos

La OMS advierte de que la seguridad alimentaria es un problema global

Alrededor de 200 informes de productos alimentarios en mal estado cada mes, procedentes de sus 193 estados miembros, recibe cada 30 días la agencia de Naciones Unidas. Un volumen de documentos que, al final, da lugar a unas 20 'notificaciones de emergencia' anuales, que alertan sobre posibles problemas de salud pública internacional relacionados con los alimentos.
La directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan, ha declarado que "la seguridad alimentaria es un gran problema tanto para los países desarrollados como en vías de desarrollo" y pide "abordar la situación mediante una legislación mejor".
En los últimos tiempos han sido varios los escándalos que atañen a productos destinados al consumo humano en los que se han encontrado sustancias contaminantes. Casi ningún país se libra, y España no iba a ser menos. Antes que el aceite de girasol contaminado con hidrocarburos alifáticos, han sido otros los alimentos afectados.
El año 2008 comenzó con un susto para los padres de niños lactantes. Tras la reclamación en Cataluña de los progenitores de una pequeña de 20 meses a la que un preparado infantil provocó una reacción alérgica, se descubrió que varios lotes de ese producto contenían proteínas de leche de vaca. Lo llamativo del caso es que el preparado en cuestión, de la marca Velactin y distribuido en todas las Comunidades Autónomas, estaba indicado para lactantes con intolerancia a la lactosa y alergia a estas proteínas. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) aconsejó que los pequeños alérgicos no consumieran el producto.
Casi al mismo tiempo, pero esta vez en Andalucía, saltó la alarma por un zumo tropical de la marca 'Noni' que se vendía en España a través de Internet en botellas de un litro de capacidad. La muerte de un hombre por posible intoxicación con esta bebida, aunque la relación causa-efecto nunca se llegó a confirmar, llevó a las autoridades a descubrir que las botellas que había ingerido contenían altas dosis de cocaína, ni más ni menos.
La AESAN tomó cartas en el asunto y aprovechó para recordar a los ciudadanos que se abstengan de adquirir productos que no estén correctamente etiquetados en español y en los que no figure una razón social responsable del mismo, descripción del producto, fecha de caducidad o consumo preferente y lote.
Problema internacional
Más polémico ha sido el caso de la mozzarela italiana contaminada con dioxinas, una sustancia cancerígena. Un asunto en el que hasta Bruselas se vio obligada a intervenir y, por dos veces, amenazó a Italia con un embargo comercial, sumándose así a Corea del Sur y Japón, si no tomaba las medidas adecuadas para que este producto no llegara al mercado. El responsable, en este caso, parece que fue la huelga de basuras que afectó a Nápoles, principal productor de mozzarela.
También en Italia se descubrió que un aceite de oliva virgen extra tenía un ingrediente sorpresa. A la tradicional judía de soja o pipas de girasol se le añadía beta caroteno y clorofila industrial.
Estos son los más recientes escándalos alimentarios, pero no los únicos. Los consumidores todavía recuerdan el caso de la paprika, un pimiento en polvo o pimentón, que llegó a Hungría importado de Brasil y Perú y que contenía una toxina que podía dañar el hígado y el sistema inmune.
Al margen de los alimentos, las medicinas, productos adelgazantes, las comidas para mascotas o, incluso, las pastas de dientes, también han dado motivos de alarma en los últimos meses.
Tomado de El Mundo