Los pobladores de Alto El Sol dicen que Dios los ha bendecido con esa tierra y se lo agradecen a diario. Pero también lo hacen porque fue terco y les abrió la mente cuando ellos se rehusaban. En la provincia de Mariscal Cáceres existe un distrito que se llama Pachiza, y en él, una localidad que --como esas jurisdicciones--, vivió durante años sumergida en la producción ilegal de hoja de coca que atraía a la delincuencia y el narcotráfico. Eso no sucede más. Esta es la historia del cacao de Alto El Sol, un bondadoso grano que salvó del error y del tropiezo a cientos de personas y que hoy, nada más y nada menos, pregona airosamente el nombre del Perú a donde quiera que va.
CAMBIO DE MENTALIDAD
Uno de ellos fue Mardonio Quiñónez Solano, quien hoy narra que ni el maíz, el algodón, el frejol o el arroz le daban para llenar la canasta familiar. Por eso se decidió por la coca. "Llegué a ganar buena plata, pero era mal llegada y mal invertida. Llegó un momento en el que ya no queríamos hacerlo. Cinco amigos empezaron a sembrar cacao para probar y me convencieron, pero lo hice de mala gana. Qué iba a saber entonces", cuenta Mardonio con ese dejo propio de la selva norte, con ese timbre que sube, baja y serpentea como el curso de un río.
Y así fue. Una de las luchas más fuertes que se libró consistió en cambiar la mentalidad de la gente frustrada y acostumbrada a la coca. Cansados de lidiar con los narcos y de asustarse cada vez que oían ladridos en la noche que anunciaban a terroristas que los obligaban a ir a sus reuniones, los habitantes de Alto El Sol se comenzaron a plegar a esos primeros seis agricultores. Ya era la segunda mitad de la década pasada. Ya era hora de cambiar.
Para ese tiempo, otras zonas más grandes y aledañas también comenzaron a jugársela por el cacao, eso sí, lentamente. Pronto, algunos agricultores de otras provincias de Huallaga Central se juntaron y formaron su cooperativa en 1997. Acopagro, le pusieron.
Gonzalo Ríos, gerente general de Acopagro, cuenta que esta nació con la idea de erradicar la hoja de coca mediante la comercialización de productos alternativos. Entonces, el cacao surgió como la mejor opción. Así, en el 2002 Acopagro envía su primer contenedor a España y abre el camino a Europa. Otras asociaciones comienzan a formarse y a hacer lo mismo.
Para entonces, Alto El Sol era ya una de las comunidades afiliadas a Acopagro, pero el trabajo era todavía lento. Un año después, un hecho hace que esta última tome un importante impulso.
El Programa de Desarrollo Alternativo (PDA), entidad vital en la estrategia nacional de lucha contra las drogas liderada por Devida, que es además financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), se alía con Acopagro y brinda a sus agricultores, incluyendo a los de Alto El Sol, la oportunidad de desarrollar sus capacidades para cosechar cacao a través de la asistencia técnica.
Los resultados hoy son sorprendentes, como bien lo explica el director regional del PDA en San Martín, Darwin Del Águila. A la fecha, esta institución, en trabajo parejo con los agricultores, ha ayudado a instalar 19.000 hectáreas de cacao y beneficiado a 17.105 familias en todo ese departamento, mientras que en Alto El Sol la cantidad de hectáreas es 321, cero de hojas de coca.
MÁS QUE DULCES ELOGIOS
Ahora el chocolate Alto El Sol, el preferido del presidente francés Sarkozy, el mimado de Barry Cabellaut, se distribuye en Europa, Estados Unidos, Canadá y Asia. Se vende solo por catálogo y se usa en pastelería. "Lo que más recuerdo de mi visita es que pude sentir la energía y el deseo de la gente de Alto El Sol de aportar al mundo productos extremadamente buenos", dice Cédric. Ese debe ser el secreto.
Tomado de El Comercio
Autora: Gabriela Machuca Castillo.
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